17.3.08

La vuelta de M

El sábado celebramos la vuelta de M por todo lo alto, con una cena 100% bávara.

Antes, habíamos ido de excursión con M y T al Heratinger See y a Braunau am Inn. El lago ya no está helado (como en la foto de cabecera de este blog), pero sigue siendo un lugar precioso. Supongo que en verano cambiará un poco, cuando se llene el cámping y cobren entrada por el baño. Aún así, seguro que merece la pena.



En Braunau nos paramos frente a la casa natal de Hitler. Aunque éste vivió allí sólo los primeros años de su vida, parece que ésta es la razón de las visitas de los forasteros, y el pueblo ha querido mostrar su desacuerdo con las acciones del dictador durante los últimos años. Prueba de ello es la piedra de granito traída del campo de concentración de Mauthausen, en la que hay grabado un texto en favor de la libertad y la democracia.

Por lo demás, Braunau es una pequeña ciudad a orillas del Inn, el río al que el Salzach dona sus aguas camino del Danubio. Una ciudad con una orilla en Austria y otra en Alemania. En sus cafés sirven unos Mélanges enormes.

Como M estaba en pleno proceso de 'reintegración' en la normalidad, decidimos cenar en horario local, es decir, a las 19.00h. Y aprovechando que teníamos con nosotros a M y T, nos animamos a cenar en un tipo de restaurante al que no nos habríamos atrevido a entrar con nuestro limitado alemán: una Gasthaus (casa de comidas, ostatu, fonda...).

La entrada fue triunfal. En cuanto abrimos la puerta, todos (t-o-d-o-s) los lugareños se dieron la vuelta para mirarnos. Como en las películas del oeste, cuando el forastero entra al bar.

Por un momento pensé que aquel local era privado (la decoración era digna de cualquier sociedad gastronómica que se precie) y que no nos permitirían entrar. Pero no, a pesar de las miradas extrañadas, la señora de la casa nos dejó pasar al fondo y preguntó, con mucho garbo, qué queríamos para beber. Weissbier para todos, claro (no me atreví a pedir una kleines, seguro que no me habría entendido...). Medio litro de cerveza de trigo riquísima.


Un filete como Dios manda

Y la cena, genial. Interesantísima conversación acompañada de melodías bávaras tocadas al acordeón por un hombretón sonrosado. Carne de cerdo, un gran filete de ternera encebollada, patatas, knödeln jugosos, sauerkraut en su justa medida. La señora nos regañó por no terminarnos la ensalada...
Volveremos.

3 comentarios:

Marona dijo...

¡Muy bien explicado! Yo literalmente oí la musiquilla esa de "pirupirupiiii"... de entrada en el Saloon. :D:D:D
¡Un beso!

con Ka dijo...

:D

Ch dijo...

¡Como Dios manda! Puedo olerlo e imaginarme el sabor perfectamente: esos sabores alemanes! Qué recuerdos!
Sé que el comentario está un poco pasado en el tiempo pero es que te estoy leyendo hacia atrás, y aunque ha habido varios posts en los que me ha apetecido comentar, en este no me he podido resistir.
Muy chulo el blog.