4.3.08

Spanien, wo auch die Zitronen blühen

Durante este intermedio he podido conocer la España que visitan mis vecinos cuando van de vacaciones. Debido a su trabajo, M se ha trasladado a Murcia y yo he ido unos días a visitarlo y a ver cómo es aquello.
La única referencia que tenía de aquel rincón de la península eran ciertas galas que TVE emitió durante años, además de las quejas que de vez en cuando llegaban desde allí a Aragón y Cataluña, donde he vivido los últimos años, relacionadas con los no-trasvases del Ebro.

Mientras el huracán Emma barría estas tierras, yo llegaba a un país seco, donde el sol era demasiado luminoso y hacía calor a pesar de ser febrero. Viajé rodeada de jubilados alemanes, deseosos de conseguir ese bronceado que lucían quienes les iban a esperar al aeropuerto.

Lo primero que me impresionó del trayecto en autobús hacia la capital, fue la sequedad del paisaje y la neblina que cubría todo. Lo segundo, la cantidad de vallas publicitarias de constructoras y promotoras que flanqueaban la autovía.
Aparte de los carteles electorales, no vi ningún otro anunciante.




Y las obras. Obras por todas partes. Solares vacíos daban paso a urbanizaciones con piscina y polígonos industriales a medio terminar. Y después, más solares cubiertos de escombros.
También vi algún que otro campo cultivado, pero parece que allí tampoco resulta demasiado rentable la agricultura, como en muchas otras regiones.

El sur siempre me ha quedado un poco lejos. Y ahora que vivo más al 'norte' que antes, hay costumbres y maneras de hacer que me resultan totalmente ajenas. Han bastado dos meses en Laufen para que las palabras 'por favor', 'disculpe' y 'gracias' se hayan instalado pemanentemente en mi vocabulario. No es que antes no las utilizara, no, sino que ahora me resultan imprescindibles si no quiero recibir una mirada de enfado o indiferencia. Sencillamente, cuando te falta el idioma, conviene hacer uso de los modales.

Y estos días me he sentido extraña en un lugar donde todo el mundo parece que te conoce de toda la vida y las viejecitas sospechan de ti si les abres la puerta del súper para que salgan con su carro de la compra (y esto me ha pasado a mí, no me lo invento), no vaya a ser que te quieras cobrar el favor.
Por supuesto, no se puede generalizar, pero a veces el trato excesivamente 'familiar' puede resultar molesto, de igual manera que la frialdad de muchos centroeuropeos puede llegar a desesperar.


Prendas de temporada

De todos modos, reconozco que he disfrutado visitando sitios que hacía tiempo quería conocer. He podido ver el Mediterráneo de nuevo, con esa luz que no se encuentra en ningún otro lugar, y he visitado ciudades que fueron ocupadas por fenicios, romanos y musulmanes.

La excursión del domingo nos llevó hasta el cabo de Palos y el Mar Menor. Apenas sabía nada de aquellos lugares hasta unos días antes del viaje, cuando Mújol escribió sobre el Paseo Espacial que lo llevó, hace años, hasta la isla del Barón.


La isla del Barón, desde la otra orilla

A veces, los recuerdos que un lugar despierta en alguien nos hacen verlo con sus ojos y valorarlo no sólo por su belleza, sino por lo que significa para esa persona.

Quizá por eso me gustó también que, en Cartagena, mientras disfrutábamos de un plato de pescado frito, M me contara sus andanzas en la otra orilla, aún más al sur. Aquella ciudad le hizo recordar otros tiempos y otros lugares que yo no conocí pero que imagino gracias a sus descripciones. Para mí es una forma sencilla de viajar.

7 comentarios:

Marona dijo...

¡Hola!
¡Bienvenida a casa! A mí también me pasa lo de sentirme extraña cuando vuelvo a España. Me duele mucho ver como se está destrozando el país a base de construir sin límite. Y lo de los modales, cuando entro en las tiendas y me tutean me siento ofendida y todo :D:D:D
Un beso.

Mújol dijo...

Qué puedo decir. Muchas gracias. Si pudiera, te invitaría -a ti y a tu acompañante- a un plato de Michirones en la Cabaña del Saura. (si es que sigue existiendo).

Ibán dijo...

Yo pasé los veranos de mi infancia en Santiago de la Ribera. El año pasado volví allí de cicloturismo...son curiosos esos sitios del pasado.
Ah!, lo de España y la construcción es de auténtica VER-GÜEN-ZA...miles de kilómetros destrozados para siempre. Por suerte quedan sitios chulos como Gata, o partes de la costa de Murcia como Bolnuevo y así...enfin...muy trise :(

Paco Bernal dijo...

Hola! A mí también me pasa que cuando voy a España me pongo de mala leche nada más pongo el pie en Barajas, pero hay que relativizar lo que se pueda. Centroeuropa tampoco es el mejor de los mundos posibles, aunque se le acerque bastante jejejeje. No, en serio: tengo un compañero de trabajo, sueco él, que quiere perder peso, y se ha dado a las ensaladas, odiándolas como sólo puede odiarlas un carnívoro. Y yo le decía "You have to love the carrots for themselves; you have to say: I love you carrot, until you love it". O sea, hay que amar cada sitio por lo que te puede dar. Con generosidad, sin comparar.
Besos y perdón por la parrafada: hoy estoy locuaz (ays...)

con Ka dijo...

Gracias por sentaros aquí un rato.

Por supuesto que no hay que tomarse las cosas a la tremenda. España, a pesar de todo, también tiene sus cosas buenas. Y centroeuropa también tiene lo suyo...
Lo que pasa es que a veces, de vivir tanto tiempo en un mismo lugar, una tolera mejor sus defectos. Hay que mirar las cosas 'desde fuera' para verlas como son. Y claro, cuando esto ocurre, puede ser algo traumático :D

De todos modos, creo que en algo estamos de acuerdo, Marona e Ibán: el tema de la construcción en España es lo nunca visto.

Mújol, me alegro de que te haya gustado. La próxima vez que pasemos por allí buscaremos esos michirones ;)

Paco, me imagino a tu compañero ahí, hablándole a la ensalada... No, en serio, en el fondo todos queremos a ese país que tanto criticamos. Lo que pasa es que a mí me gusta comparar para quedarme con lo mejor de cada cosa...

Ch dijo...

Es curioso porque yo hasta el año pasado tan sólo conocía el Mar Menor a través de los relatos de mi compañero. Y es cierto, cuando llegué allí me sentía, de un modo muy extraño, como en casa, en un lugar que ya había imaginado muchas veces.
Y sí, yo volví de Londres muy "civilizada", con mis "porfavores" y mis "gracias" al final de cada frase, hasta que en un par de ocasiones alguien se sintió ofendido por mi "excesiva" cortesía... Así que nada, en cada sitio lo suyo y a disfrutar de todos ellos. (0:

con Ka dijo...

¡Hola Ch!
Sí al final lo que mejor funciona es aquello de 'donde fueres, hazlo que vienes' ;)