11.7.08

El Príncipe Encantado


Sin llegar a los niveles de exigencia de Sir A. Worldgate en cuanto a pedigrí, M y yo nos hemos propuesto conocer las 'tascas' de los alrededores, aventurándonos por caminos poco transitados de esta Baviera que tanto nos recuerda a veces a la Gipuzkoa profunda.

Siempre hemos celebrado los aniversarios de nuestro primer encuentro cenando en un restaurante especial (por su cocina, su ambiente, a veces por lo que acabamos pagando...) en Barcelona o, como el año pasado, de cámping en una playa tranquila.

Esta vez pedimos consejo a A, quien nos recomendó un lugar algo más sofisticado que una Gasthaus, con itinerario previo incluido: Visitar el lago junto al antiguo monasterio de Höglwörth y volver sobre nuestros pasos hasta el restaurante Froschkönig, en Vachenlueg. A primera vista estos nombres podrían no resultar ni atractivos ni exóticos, pero A es una mujer con criterio y decidimos seguir sus indicaciones, escritas sobre un post-it.

Menos mal que además del post-it llevábamos un mapa de carreteras, porque si bien llegar a Teisendorf y de allí a Höglwörth es más bien sencillo, encontrar Vachenlueg fue toda una aventura; cientos de caminos llevan a aldeas con nombres tan sonoros como Pom, Hub, Högl, Pank, Sur o Pfingstl (!).

Cuando llegamos a la Taverne Froschkönig (el Rey Rana o el Príncipe Encantado de los Grimm) eran ya las siete de la tarde. Nos sentamos bajo los castaños del Biergarten y elegimos nuestra cena de entre los platos del día:

Risotto con ternera en salsa de vinagre balsámico y fresas
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Spätzle con solomillo de cerdo y setas



La ración era más que abundante (los platos eran enormes) y la carne estaba muy buena, aunque la salsa a base de vinagre resultó algo fuerte de sabor. Los Spätzle, como siempre, muy ricos. Definitivamente, me tengo que hacer con un cacharro para hacerlos en casa.

Para beber, Weißbier de Traunstein y de postre, helado con frutas marinadas y un espresso macchiato a cuyo platillo había saltado un Frosch.



Precio, 20€ por persona, puesta de sol y vistas sobre Salzburgo incluidas. Creo que volveremos.

2 comentarios:

Eva dijo...

Nosotros también tenemos tradición de aniversario. Visitamos capitales europeas. Este año nos tocará Berlín. Lo estoy deseando.

Arantza dijo...

La foto es verdad que recuerda a Gipuzkoa, así, de lejos las casas podréian pasar por caseríos... el menú es un poco contundente para una comedora de tofu como yo, pero aún así, le hubiera dado un tiento (o dos). Estaba pensando que es curioso como paisajes bien lejos de los de "la madre patria", pueden parecerse... el verano pasado andaba yo paseándome por Nueva Escocia, y la costa del Cape Breton es igualita que ciertas partes de la costa vizcaína (salvo la arquitectura, claro). Me dio la impresión de no haber salido de casa. :-)