19.8.08

De vuelta sin haberme ido

Las visitas familiares, aunque deseadas y bienvenidas, suponen un alto en la rutina diaria, un paréntesis durante el cual una deja de lado el presente y, en cierto modo, vuelve a ese estado que pensaba haber dejado atrás hace mucho.

Durante unos días me he sentido diferente, un poco fuera de lugar sin haberme movido de aquí. A veces ha resultado raro, pero no deja de ser un estado transitorio y es mejor no hacerle demasiado caso. No siempre tengo la oportunidad de mostrar a mis seres queridos todas esas cosas que voy descubriendo cuando estoy lejos de ellos.

6.8.08

Taxi


La gata de nuestra vecina Frau B se llama Taxi. (Aunque decir que Taxi pertenece a Frau B es mucho decir... dejémoslo en: Taxi se deja mimar por Frau B. Como hacen todos los gatos).

Nuestra relación con Taxi no empezó con muy buen pie. Creo que estaba acostumbrada a que Herr M, el antiguo inquilino del ático, no parara mucho por casa así que era dueña y señora de la escalera y la terraza que dan al piso de arriba.
Los primeros días nos la encontrábamos ahí a todas horas. Por las mañanas dormitaba en la escalera, y si hacía fresco subía a la terraza, a la esquina donde pega el sol. A nosotros no nos importaba, es más, nos encanta observar a los gatos, y el día que nos dimos cuenta de que llevaba al menos una hora dormida en una maceta mientras nosotros comíamos al lado, decidimos que nos gustaba su compañía.

Pero parece que a ella la nuestra no le hacía mucha gracia, y un lunes que salí a tender la ropa con el tendedor en la mano (un trasto de ésos plegables, como una silla de cámping), debí de darle tal susto, que ya no volvió a subir más.
De eso hace unas tres semanas.

Ya había perdido la esperanza de que volviera a subir, pero hoy ha dado señales de vida y parece que con un buen augurio: Taxi ha dejado un ratón muerto justo al pie de la escalera. Dice Frau B que es un regalo (a ella le trae, además de ratones, pájaros y bichos. Un día vino con una paloma...). No sé muy bien qué hacer con semejante regalo, pero lo acepto de todas formas; puede que Taxi haya decidido darnos una segunda oportunidad.

4.8.08

Hellbrunn


No sé si la 'masa de aire africano' que ha hecho que España sea un horno estos días llega hasta aquí, pero también hace calor, y como vivir en un ático está bien hasta que se recalienta el tejado, las tardes de sol es mejor pasarlas al aire libre.

Como hace unos días, que me fui a Hellbrunn. Nada como refrescarse en los juegos de agua que mandó construir el arzobispo Marcus Sittikus en el siglo XVII. Su palacio, rodeado de un enorme parque y bosques, fue un lugar para el recreo y la diversión, más propio de un príncipe que de un clérigo.
Y es que, al igual que su predecesor Wolf Dietrich, Sittikus fue un hombre poderoso y culto, enamorado de la cultura clásica y la arquitectura del renacimiento. Por ello el recinto de Hellbrunn alberga infinidad de esculturas relacionadas con la diosa Diana, el desdichado Acteón, Poseidón y toda su corte acuática.


www.hellbrunn.at

Pero lo más atractivo de la visita, al menos en un día caluroso, son los juegos de agua: chorros que emanan por sorpresa desde el suelo, un teatro mecánico accionado por un molino de agua, una gruta en la que el aire, al pasar por conductos inundados, produce cantos de pájaros... Oyendo las risas y los gritos de sorpresa de los demás visitantes, intenté imaginar cómo serían las fiestas veraniegas que organizaba el arzobispo para su corte. Ciertamente, aquello debía ser todo menos recatado; habría que ver cómo las damas mantenían la compostura mientras un chorro de agua les refrescaba las posaderas...

3.8.08

Oda de las 3:30 am


AL MOSQUITO DE LA TROMPETILLA

Ministril de las ronchas y picadas,
Mosquito postillón, mosca barbero,
Hecho me tienes el testuz harnero
Y deshecha la cara a manotadas.

Trompetilla que toca a bofetadas,
Que vienes con rejón contra mi cuero,
Cupido pulga, chinche trompetero
Que vuelas comezones amoladas,
¿Por qué me avisas si picarme quieres?
Que pues que das dolor a los que cantas,
De casta y condición de potras eres.

Tú vuelas y tú picas y tú espantas
Y aprendes del cuidado y las mujeres
A malquistar el sueño con las mantas.

Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580 – Ciudad Real, 1645)

2.8.08

Pizza/Pita

¿Qué ocurre cuando no se está atenta a la cantidad de levadura que se pone en la masa de pizza?




Pues que ésta no leva y en vez de una pizza, sale una pita, rica rica. A veces los despistes dan lugar a grandes descubrimientos.

1.8.08

Festspieleröffnung


El pasado día 26 comenzó el Festival de Salzburgo, ese ciclo de conciertos y teatro para bolsillos desahogados que año tras año llena la ciudad de gente trajeada y turistas japoneses. Ya he oído unas cuantas opiniones en contra del enorme gasto que supone el festival para una ciudad cuyo programa cultural es más bien limitado el resto del año, pero parece que el ayuntamiento está decidido a seguir repitiéndolo, como buen evento de la marmota que es. Salzburgo es una ciudad que se resiste al cambio.

Como no soy una experta en ópera ni teatro, no puedo opinar sobre el programa de este año, pero sí comentaré la jornada de inauguración, que se celebró el sábado a lo largo de todo el día. A partir de las diez de la mañana, y en 30 lugares diferentes al mismo tempo, se pudieron ver y escuchar todo tipo de conciertos y representaciones de forma gratuita. Algunos museos también ofrecieron visitas guiadas especiales a sus exposiciones.

Quedé con E al mediodía. Mientras conducía me contaba que éste es el primer año que se ofrecen tantos espectáculos gratuitos, y que en años anteriores apenas ha visto nada del festival, salvo alguna proyección de óperas que se ofrecen como 'consolación' al pueblo llano.
Y es que las entradas para las grandes representaciones, aparte de ser exageradamente caras, se agotan meses antes con lo cual es muy difícil acceder a ellas. Eso sí, los organizadores tienen el detalle de abrir las cortinas del hall donde los que sí han conseguido una se toman el vinito entre acto y acto, para que todos vean lo que se pierden...

De lo que pudimos ver la tarde del sábado - porque para verlo todo había que disponer, como mínimo, del don de la ubicuidad - lo que más me gustó fue un trío de Múnich (soprano, acordeón y violín) que ofreció un pequeño concierto en el Café Bazar: desde Mozart a Astor Piazzola pasando por Edith Piaf.
Obviamente, la terraza estaba abarrotada para cuando llegamos, así que nos sentamos en la barandilla que da al Salzach y disfrutamos de la música junto al resto de viandantes.
Vi algunas caras molestas entre los clientes del café, la mayoría de ellos impecablemente vestidos y peinados con ese estilo que, de momento (y creo que hasta que vaya a Viena), sólo puedo relacionar con los salzburgueses 'de toda la vida'. Supongo que a más de uno le molestó eso de que nos 'aprovecháramos', mientras él pagaba su consumición religiosamente. Aunque, sinceramente, vi más respeto hacia los músicos entre los que miraban desde la barrera que entre los clientes de la terraza, que no pararon de levantarse y moverse por el pequeño escenario en lo que duró el concierto.

Después paseamos por el centro y entramos en la catedral, llena hasta los topes, en la que se ofrecía un concierto de música barroca. En uno de los patios de la Sigmund-Haffner Gasse, un grupo austríaco-cubano se resistía a dejar el escenario: los de la organización no sabían cómo hacerlos callar para poder dar paso a la obra de teatro del patio contiguo.
Cenamos en una de las terrazas de la Papagenoplatz y echamos un vistazo a la pantalla que ofrecía extractos de óperas grabadas en años anteriores, antes de ir a la Mozartplatz e intentar ver la danza de las antorchas o Fackeltanz, la ceremonia que inaugura oficialmente el festival.

Había visto muchas fotografías de esta danza y tenía curiosidad por verla, pero la verdad es que salí algo decepcionada. No sé si será porque la Mozartplatz es más pequeña que la Residenzplatz (donde se celebra tradicionalmente, pero que este año no estaba disponible por estar en obras) y no había sitio para tanta gente, pero es que no vi nada. Bueno, sí, vi la danza en una pantalla gigante (otra) que iba ofreciendo imágenes en directo entre las que se intercalaban los títulos de cada figura y una fotografía de larguísima exposición tomada algún otro día de madrugada.

También puede ser que las fotografías me hubieran hecho pensar en algo más dinámico, más movido, y no en una polonesa (chun-ta, chun-ta). Pero bueno, tampoco estuvo mal del todo. El año que viene iré un poco antes, para coger sitio y ver la repetición.