19.8.08

De vuelta sin haberme ido

Las visitas familiares, aunque deseadas y bienvenidas, suponen un alto en la rutina diaria, un paréntesis durante el cual una deja de lado el presente y, en cierto modo, vuelve a ese estado que pensaba haber dejado atrás hace mucho.

Durante unos días me he sentido diferente, un poco fuera de lugar sin haberme movido de aquí. A veces ha resultado raro, pero no deja de ser un estado transitorio y es mejor no hacerle demasiado caso. No siempre tengo la oportunidad de mostrar a mis seres queridos todas esas cosas que voy descubriendo cuando estoy lejos de ellos.

3 comentarios:

Eva dijo...

Sé cómo te sientes. Me encantan las visitas, pero me descolocan, me rompen la rutina y me hacen sentirme extraña en mi propia casa. Una dicotomía curiosa.

Marona dijo...

¡¡Bienvenida de nuevo!!
Lo que más me gusta de las visitas es eso, mostrarles todo lo que voy descubriendo... aunque a veces no se acaba de comprender del todo el funcionamiento que se tiene en otro país. Es dificil hacer coincidir horarios, rutinas, incluso "manías" ;).
Sí que es verdad que es un alto en la rutina pero cuando se van se queda una como "vacía".
En total, que bienvenida de nuevo a la rutina y, dentro de poquito, al otoño :)

Arantza dijo...

Gran verdad... yo espero visita dentro de dos semanas, pero como es de una vieja amiga, siempre es un poco más fácil... cuando es la familia la que viene, muchas veces sabes que lo que más les interesa es verte, no vienen tanto por ver el país (al menos, mi ama ;-), siempre tengo la impresión de que disfrutan del viaje tanto como lo "padecen"... y una se siente rara, ya no es la de antes, pero cuando está con ellos tampoco es la "de ahora".