11.10.08

Salir a cenar

Me llama M preocupado porque el Naná, restaurante del Raval donde iba a reunirse con E y F, ha desaparecido. No sabe dónde llevarlos. Qué pena, la última vez que cenamos con ellos en el Naná nos pasamos horas arreglando el mundo y hablando del futuro que nos esperaba. Al fondo había una puerta con el número 2046. Qué pena.

No es la primera vez que ocurre, de hecho el año pasado ya nos habíamos acostumbrado a llamar antes a los locales donde pensábamos cenar, por si acaso.
Llegamos tarde a una crepería de la calle Torrijos y a otro peruano que debía de haber en el Eixample. Cerraron, justo después de que lo descubriéramos, un pequeño restaurante de tres mesas regentado por dos amabilísimas francesas que había cerca del carrer Ample. Desapareció el Karkadé del Raval.

Todos eran lugares pequeños, de precio ajustado y ambiente acogedor. Quizá por eso no sobrevivieron. Parece que en Barcelona, para que un restaurante prospere debe subir precios y disminuir el tamaño de sus raciones, aparte de funcionar 'por turnos', es decir, a los que han venido a cenar a las 21.00h hay que advertirles de que tendrán que librar la mesa antes de las 23.00h. Entra, cena, no pierdas el tiempo en tertulias, no pidas café, paga, vete.

Los alquileres son altos, de acuerdo. Hay que pagar muchos impuestos, también de acuerdo. Pero si salgo a cenar es porque me apetece hacer algo más que engullir un plato de comida.
Salir a cenar significa disfrutar de la compañía, la conversación, la amistad. Significa olvidarse de las preocupaciones de la semana y compartir un momento con alguien especial. Y si además se puede descubrir un sabor, una especia, un vino, mejor que mejor.

3 comentarios:

Ibán dijo...

Joer, cómo está el patio. All my sympathy :(
La verdad es que entre la moda-moderrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrna y el turismo esta ciudad anda hecha unos zorros. Tienes que saber muy bien a dónde vas, preguntando a unos y a otros.
Yo lo de las horas de entrada y salida ya lo he visto en algún sitio, me parece un insulto, algo obsceno, simplemente no voy.
Por cierto, me ofrezco voluntario para comprobar si existen todavía esos garitos que os molan; me puedes decir algunos y te hago un parte semanal ;) Por lo que dices, creo que me gustarían.
Qué pena da cuando vuelves a un sitio y tus lugares de referencia han desaparecido...recuerdo que, de pequeño, me sorprendía (y aburría) cuando los mayores decía la frase "Aquí es donde estaba el cine X" (no que fuera porno, sino sustituye la X por un nombre dado)...aquella expresión me parecía algo increíble, hoy me da pena comprobar que la suelo utilizar...

Marona dijo...

Completamente de acuerdo con los dos. ¡Es una vergüenza! Pero bueno, siempre nos quedarán los bares de menú de Nou Barris ;)

Begoña dijo...

Hola!!! Yo no soy de Barcelona, pero es una ciudad que me encanta. Hace un año estuve unos días en el puente del 1 de noviembre y no es que haya cambiado de opinión, pero ya no es lo mismo.
Me pasó exactamente lo que decís. Fuí buscando locales y tiendas de otras visitas y no encontré absolutamente ninguno. Sitios que me parecían entrañables y ya no existían, tiendas de toda la vida sustituidas por franquicias,...
Yo vivo en la costa del sol y se bien lo que es el turismo, pero creo que en Barcelona ha desbordado. Juré que no volvía a las Ramblas, insoportable, de día, de noche, los restaurante abarrotados, mal servicio, y me tocó lo de levantarme de la mesa, con mi reserva y todo. Sigue quedando la ciudad en si misma y algunas tiendas originales en el Eixample que merecen la pena y que no es fácil encontrar en otras ciudades, (las papelerías son únicas).
No es fácil recuperar lo perdido, pero tampoco imposible.
Un saludo, Begoña