12.4.10

Camino Soria: torreznos de Semana Santa


Cuando se nos ocurrió pasar la Semana Santa en Soria estuve buscando información sobre lo que se come por allí: básicamente, la dieta tradicional castellana a base de cerdo en general, caza, setas, adobos, escabeches y demás comidas contundentes para hacer frente al invierno (y ya puestos, el verano también, que por la noche refresca).

Este blog, dedicado exclusivamente al torrezno de la capital, me sirvió de guía para la primera noche. Mi estómago aún se queja por lo que le hice pasar, pero creo que no se puede visitar Soria sin cenar un platillo de torreznos recién hechos. Una ración por persona, como mucho. Y nada más.

Para que ese trozo de piel, manteca y algo de carne sea medianamente digerible, mejor tomárselo en horario europeo. M y yo fuimos al bar El Portillo a las siete de la tarde guiados por nuestras narices (el olor a torrezno de la plaza del Vergel es como el del Kebab, como te pille con hambre estás perdido), y fue un acierto. El bar vacío, tranquilo, el pan crujiente y los torreznos calentitos recién hechos, la cena ideal para aguantar de pie toda la procesión de Jueves Santo.
No sé cómo la gente aguantaba la Semana Santa cuando se respetaba aquello del ayuno y la abstinencia...

7.4.10

Camino Soria: el cielo gira

Esta Semana Santa hemos aprovechado para salir de este valle nublado y ver algo de cielo.



Nada más bajar el puerto de Lizarraga, las nubes parecen más altas y el sol más luminoso.
Pasamos Logroño, la sierra de Cameros, el puerto de Piqueras... y llegamos a la llanura. Pueblos con nombres como Portelárbol, Fuentelfresno, Pinilla de Caradueña.

Nombres extraños pero a la vez descriptivos, como Aldealseñor, nuestro primer destino.



Conocimos Aldealseñor en 2005, a través del documental El cielo gira, de Mercedes Álvarez, que describía la vida de sus últimos habitantes en un intento de registrar una forma de vida que desaparecerá en pocos años.
Ya hay señales de cambio en el pueblo y los alrededores: modernos molinos de viento, un hotel en la que fuera torre del señor de la aldea.

Los visitantes ocasionales como nosotros, miran con algo de envidia las casas de piedra y el paisaje, y se preguntan si sería posible ganarse la vida en un lugar así.